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RETAZOS DEL ALMA

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3 de junio de 2011

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EL SEMBRADOR







Había nacido para el campo y solamente pensaba en sembrar buenas semillas; para recoger excelentes frutos y sentirse feliz y satisfecho.
Su única ilusión era recibir cosecha buena para valorarla; y seguir cuidando sus campos, que eran toda su vida. Tenía tres tierras no muy grandes, con apariencia excelente, de buena calidad y se dedicó a trabajar sin parar, sembrando semillas para recibir lo que él deseaba.
El primero apenas le dio nada, pero no le hizo perder la esperanza y continuó luchando; porque estaba convencido de que era buena tierra;  pero todo resultó en vano, pues lo poco que salió era malo. 
Tras entregarse de lleno para conseguir sus objetivos, acabó agotado, descansó y decidió continuar con la siguiente.
Se animaba él solo diciéndose a si mismo; que las otras no serían igual y que todo había sido mala suerte, así que tras relajarse un poco, empezó con la otra.
Trabajaba de sol a sol con la alegría de que aparecería el resultado a su buena siembra, pero tras el paso del tiempo, nació un fruto que no era el que necesitaba, estaba verde, picoteado y era tan escaso, que no le cubría sus necesidades.
El sembrador lloró en aquellos momentos, porque le parecía imposible que con la belleza de aquellas tierras; y siendo que parecían de buena calidad, por dentro estuvieran medio muertas.
Aún así siguió confiando porque le quedaba su favorita, aquella que relucía de color, de frescura, de suavidad cuando la tocaba y de hermosura.
El sembrador confiando plenamente en aquel campito convencido de que no le fallaría; y mimándolo con cada semilla que sembraba, se iba cantando a su casa con la seguridad de que esa tierra que tanto quería, le daría el fruto que había soñado.
Tras pasar el tiempo adecuado, se marchó en busca de la cosecha, pero cuando llegó allí, no había absolutamente nada.
El sembrador se sentó sobre una piedra, estaba hundido, desconsolado, agotado, sin ganas de nada, sus lágrimas eran como la lluvia que no deja de caer; y totalmente abatido, se quedó dormido en el suelo.
Mientras dormía; en sueños escuchó una voz que le decía:....¡No te rindas! has sembrado lo mejor de ti y el fruto que quieres se encuentra en la vida eterna.....La tierra del hombre es imperfecta, egoísta, no confían y han perdido la fe....¡Animo sembrador! has cosechado y tienes el mejor fruto, el más abundante de todos los campos.....¡Tienes el amor de Dios que nunca te fallará!.....
Cuando despertó el sembrador, su semblante era distinto, en sus ojos había luz, en su mente sabiduría, en sus palabras ternura, en su cara felicidad y se fue corriendo gritando.......¡Tengo el único amigo que no falla!....¡tengo a Dios!
















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