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RETAZOS DEL ALMA

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8 de abril de 2011

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LA HISTORIA DE PERICO











Perico es un gatito negro que nació junto a sus hermanitos, en la terraza de una señora que vivía en el campo. Después de tener unos cuantos, la madre fue envenenada por algún desaprensivo y los demás desaparecieron. Junto a Perico se quedó otro exactamente igual que él, no se diferenciaban en nada, eran gemelos, solamente tenían un pequeña diferencia; Perico era de rabo largo y Chapi era de rabo corto.
Ellos no supieron salir de la terraza y un buen día, aquella señora los descubrió entre la leña que tenía almacenada. Compadecida por ellos y por su cariño hacia los animales les construyó una casita, para que tuvieran su techo y no pasaran frío.
Aquellos gatitos nunca pisaron la calle, tenían miedo de saltar y eran un ejemplo a seguir, de compañerismo, amistad, cariño y unión. A donde iba uno iba el otro y así, con los cuidados de la mujer, que les ponía de comer pienso, agua y su cajita para hacer las necesidades, fueron pasando los años y se convirtieron en mayores.
Chapi apenas se dejaba tocar, Perico se lo permitía algo, pero los dos juntitos bajaban a la puerta de la cocina y Perico se encargaba de maullar, reclamando que ya era la hora de comer o de cenar.
Eran muy felices y no podían estar uno sin el otro, nunca quisieron entrar en la casa porque se habían acostumbrado al hogar que tenían arriba.
Un buen día Chapi se empezó a poner raro, apenas comía, no corría por el tejado y solía quedarse con la boquita, metida en el agua sin ganas de nada.
Una mañana la dueña estaba preocupada porque no iba con Perico a comer, entonces subió a la casita que tenían y se lo encontró muerto. Lo cogió entre sus manos, lo tapó y se lo llevo a un lugar para enterrarlo dejando una señal, para cuando falleciera su hermanito.
Perico lloraba todas las noches, llamaba a Chapi y su lamento era estremecedor, lo echaba de menos y la pena le hizo dejar de comer, se volvió desconfiado y realmente estaba muy triste.
Al cabo de un tiempo la señora recogió a un gatito cachorrillo, que se ponía en la puerta de su casa, para que le diera de comer. Desde que lo hizo por primera vez ya no se lo pudo quitar de encima y acabó metiéndolo en su hogar. Le puso de nombre Ray, lo bañó, lo vacunó y se quedó con ella, era muy diablillo, juguetón y además muy inteligente. 
Descubría todos los rincones de la casa hasta que se percató de que otro gato se encontraba fuera en el patio. Entonces se las arreglaba para salir por las ventanas y si estaban cerradas, pedía que le abrieran la puerta para salir a investigar.
Cuando vio a Perico se apartaba de él por prudencia, pero pronto con su descaro se hicieron amiguitos y Perico volvió a estar contento. 
Ahora se ven todos los días y se lo pasan bomba por el tejado, Perico se deja tocar y se sube a la ventana para ver y llamar a su amiguito, están contentos y tienen libertad para entrar y salir cuando quieren. Cuando llega la noche Ray entra a su casa para dormir y Tico se retira a la suya para hacer lo mismo.
La soledad que le dejó Chapi, desapareció gracias a la llegada de Ray, pero el día que le toque morir a Perico será enterrado con su querido hermano en el mismo lugar.















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