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RETAZOS DEL ALMA

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10 de enero de 2013

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LOS FRUTOS DEL AMOR DE FLOR Y ÁNGEL, HASTA QUE SOLO LA MUERTE LOS SEPARE...





Tras el regreso del viaje de novios, Flor y Ángel, tuvieron que ir la doctora del pueblo, porque Flor vomitaba sin parar, todo aquello que comía. La doctora, por su experiencia, sospechaba el motivo de dicho malestar y tras tranquilizarla, la envió a realizarse la prueba del embarazo, la cuál, dio positiva, y los dos, fundidos en un abrazo inmenso llenos de emoción, reían felices, ante la noticia de que iban a ser papás. Ángel no quería que su amada trabajara, pero con las pastillas, que le habían recetado a Flor, ésta se empezó a poner guapa, la belleza del embarazo comenzaba a aparecer en su rostro y con más ganas que nunca, trabajaba al lado de su esposo, haciendo la matanza de los cerdos y otros animales, para vender los mejores embutidos y la carne más fresca de los alrededores, por lo que con esfuerzo, gran lucha, el sudor de sus frentes y la compenetración que se tenían, se fueron haciendo poco a poco, con campos de uvas y otros frutos, que iban sembrado juntos, conforme progresaban económicamente. 
Flor, dio a luz a una preciosa niña, a la que llamaron Rosa y fruto de una unión, que cada vez era más grande, tuvieron sus cinco y maravillosas hijas, que colmaron la dicha de la pareja, que iban haciéndose más mayores y aumentado su amor, cada día que pasaba. Eran envidiados por todos, un ejemplo a seguir, no sabían ir apenas el uno sin el otro, siempre de la mano juntos a todos los sitios, se necesitaban como el mar al agua, como el sol a la luna, como las nubes al cielo, como el aire para respirar, era como ver a dos seres en uno, con sus cañas de bambú, paseando por el verde campo, que llegaba hasta la pinada más bella, en donde se encontraba una capilla pequeña, con la virgen, que era la patrona de aquel lugar. Las pequeñas discusiones del matrimonio, apenas eran importantes, Flor con su paciencia y Ángel con la suya, enseguida hacían las paces, se daban sus besos y acostados se acurrucaban, para charlar de sus hijas y dar gracias a Dios, por todo lo que habían conseguido con sus esfuerzos y sacrificios. Delante de las niñas, que ya se estaban convirtiendo en mujercitas, siempre evitaron llevarse la contraria, y Ángel, que era bonachón, dejaba a Flor tomar las decisiones más adecuadas, en la crianza y necesidades de las pequeñas. Ángel, fue el hombre responsable y verdadero, que cumplió su promesa a rajatabla, sus cinco hijas, recibieron la educación adecuada, para tener cada una su carrera y la gratitud en sus corazones de hijas respetuosas y responsables, que querían a sus padres y deseaban verlos igual de felices, hasta que la muerte se los llevara. Aquellas jóvenes se hicieron mujeres de bien, cada una se fue casando con su novio y en poco espacio de tiempo, acabaron en sus propios nidos, para iniciar unos caminos, que deseaban, que fueran igual al de sus padres, pues les caía la baba de verlos tan enamorados, a pesar del tiempo que ya había pasado. Flor, junto a su amado, se hicieron mayores y se jubilaron, cerraron el negocio y ya, por afición, visitaban cada mañana y cada tarde, a sus gatitos, que habitaban en la granja a montones, esperando la llegada de sus amos, para recibir la comida y sus caricias, pues todos los rodeaban, para darles las gracias por los alimentos que les daban, para sobrevivir. Las hijas les dieron nietos y la familia se hacía cada vez más grande, pero por mucho que crecía, siempre destacaban los dos, por lo unidos que permanecían, por eso, tras celebrar las bodas de plata, llegaron también a las de oro, la más importante, la que señalaba con letras gigantes, la historia de un amor auténtico y ejemplar, de las que ya no existen casi, en la actualidad. La ilusión de Flor de toda una vida como madre, esposa, amante y amiga, iba a tener una recompensa, que la había hecho soñar muchas veces y que iba a verla cumplida, sin sospecharla tan siquiera. Ángel, con los ahorros que habían conseguido guardar y con la colaboración de sus hijas, contrataron en una agencia de viajes, un precioso crucero, que les llevaría a conocer Palma de Mallorca, el gran sueño de Flor, que al enterarse de la noticia, parecía una niña de contenta y se lo decía a las personas de confianza que veía, porque no podía guardar aquella noticia, que la tenía emocionada y tan feliz.
Flor y Ángel eran el ejemplo vivo del amor verdadero, no eran perfectos y a veces surgían las pequeñas discusiones, que hacían su caminar juntos, más necesario todavía, pues eran las espinas de un relación real, que afrontaban hablando, con ternura, comprensión y cediendo los dos un poco, pues el amor siempre triunfaba y lo superaban todo. El matrimonio, era correspondido con el cariño de sus hijas, que los visitaban con frecuencia y les llevaban a los nietos, que amaban muchísimo a sus abuelos. En el sendero de un camino de hierbas frescas y unas piedras que siempre hay escondidas, para hacer caer el amor, Flor y Ángel no desfallecieron nunca y cuando uno caía, el otro lo recogía, haciendo que su promesa, la que hicieron delante de Dios, fuera cierta y la llevaran a cabo, con el apoyo más fuerte e indestructible, que todo lo vence, la fuerza divina de un bonito y profundo amor, que supieron conservar día a día, entre la lucha del trabajo, la crianza de sus hijas y las alegrías, de cuando llegaba la noche, encontrarse a solas los dos, para desbordarse de placer haciendo el amor y transpasarse sus almas y sus corazones y seguir juntos envejeciendo, con la misma ilusión de cuando eran jóvenes. Flor y Ángel, son ya mayores, pero se conservan muy bien; en sus miradas, se refleja la juventud del pasado, de cuando se enamoraron, se les nota lo que sienten el uno por el otro, es muy raro ver a Flor sin Ángel, casi siempre van caminando, haga frío o calor, a la granja que poseen y tienen cerrada, pero mientras Flor hace unas tareas, Ángel arregla sus tierras, para obtener la fruta que consumen, sembrada por ellos mismos y disfrutar de lo que han conseguido con sus esfuerzos, para sin privarse de vivir bien, dejarles algún día lo que quede, a sus hijas y nietos, que tanto los quieren; pero en el fondo, quieren heredar ese sentimiento tan profundo y que sanamente envidian, de ver en sus padres tanta felicidad, que ya hoy en día, tan poco o nada existe. Cincuenta años juntos, cincuenta años de recorrido por la vida, cincuenta años de entrega, de penas y de alegrías, cincuenta años de un solo horizonte, de un solo objetivo, de un solo amor, de saber conservarlo y  cumpliendo de verdad, la promesa que hicieron ante el altar, de amarse en lo bueno, en lo malo, en la salud y en la enfermedad.





1 comentario:

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